Hoy me di cuenta que tu olor se impregnó en mi,
pensé otra cosa, pero es el aroma que sale de tu piel,
como el químico que se introduce en las aberturas de los poros que desprende los pétalos de las gardenias.
Rugió tu aroma en mí como la sangre hervida de una bestia atrapando a su presa,
como el preso tuyo que soy,
como la depredadora sonriente que eres, te quiero pendeja.
Y sí, tu olor se impregnó en mí.
Aquí te huelo en la oficina,
y allá también en el autobús,
como un olor irresistible que desgarra los órganos por dentro desangrándolos.
Te he olido y arde como la espina y cura como un té un café o un cigarrillo,
y desespera como cuando no me quieres,
como cuando nunca me quieres,
y corre como la gacela dentro de mis fosas nasales, y enloquece mi pensamiento,
como cuando te pienso,
como cuando te sueño,
con un beso infantil y deseado,
como cuando te quiero,
como cuando siempre te quiero.
Y se volvió en un aroma irresistible,
como las olas,
como las fresas con crema,
como el capuchino espumoso,
y tu aroma me incita a buscarte y decirte que te quiero,
como se aman los enemigos,
como se odian los amantes.
Y ahora estás más conmigo
con tu vestimenta pueril,
con tu cuerpo y tu sonrisa y tus ojos que me amenazan a quererte.
Ahora te he olido a ángel.
viernes, 17 de julio de 2009
Tú Olor
martes, 14 de julio de 2009
Balada al ritmo de swing

Un dos tres… Dejo todo atrás, nada permanece en mí, no hay vida interior; sigo caminando adelante, corro, vuelo, soy casi fugaz... Voy rápido, veloz hacia la desembocadura de la vida. El último amor sucede y se desvanece de la noche a la mañana, y no soy yo quien reclama olvidarlo. Es el mismo amor y su urgencia quien declara que en la vida cada vez hay menos – espacio/tiempo – para hacer el amor. Puedo sentirlo. El goteo del tiempo como un suero intravenoso conectado a mí organismo. Acelero, esquivo al hombre rendido; descalabrado yace ante mí con ojos arrancados.
Ella… me quedan sus palabras, suspiros tenues en la noche, y ni un ronquido que delate imperfección. Más nada es perfecto, solo se adecua al precipicio que marca la calle. ¿Hace frío o calor? No, ni tiempo para pensar. Tomo la ducha me rasuro desayuno como ceno me acuesto y me vuelvo a despertar mil veces pero… ¿dónde? Tampoco hay espacio para las interrogantes y sí un latido frenético apresurado por una drogadicción dolorosa de cocaína en alza liberal.
Un dos tres… me proyecto. Mis brazos son garfios que se enganchan a las ranuras de los quicios; camino como un ser letal, abro ascensores y asciendo a rascacielos de alturas desmesuradas sin olor ni personalidad. Asisto a reuniones Yet Set: caviar congelado, salmón de criadero, una copa light y “speed” son sus nuevos eslogan. Es la vida a límite, la vida de aquel quien gusta deleitarse y ensalzarse al ritmo desgarrador que pide la humanidad. El Euro y el yuan pisan fuerte ¿dónde está el dólar? sino es bajo la alfombra de un viejo Salón del Oeste. Irak danza al ritmo de las armas y en Afganistán se crían las amapolas más bellas y mortíferas que nunca se vieron…
Ella… me quedan sus palabras ¿a qué idioma las traduzco? si nunca hablamos el mismo. Es lo malo de este mundo, anhelas vivir bien y el vecino lo hace por ti, deseas reír y te sientes demasiado imbécil como para hacerlo, para llorar siempre hay tiempo, para entenderse ninguno y para amar… ¿cuándo? Si ya lo hiciste ¿no? O nunca fue así…
jueves, 9 de julio de 2009
CALLE 22 NARANJA AGRIA UNA MAJO EN LA BASURA.

jueves, 18 de junio de 2009
¡Se buscan locos!
-En este mundo lleno de delirio, lleno de luces de colores y hamsters bailarines hay un punto muerto donde se marca el límite entre la locura y la imaginación, me gusta pasear en esa cuerda floja cuando escribo, imaginar que soy un fantasma.- dije bastante emocionado, con las manos algo tensas y los párpados tan alzados que arrugaban mi frente.-Hmm... ¿Escribe sátiras de otros poetas? - le preguntó el entrevistador, buscando la lista de preguntas prediseñadas para hallar a todo un artistas.
-No, no escribo erotismo... y si lo hiciera no serían tan vagas mis historias como lo son las de Roquelaure- me crucé de brazos, algo ofendido por aquella pregunta, pero bien sabía que ese gesto era para dar algo de seriedad a la absurda situación.
-¿Sabe usted que las sátiras son burlas de algo ya... existente? - resopló negando y haciendo una marca sobre otra hoja que tenia sobre la carpeta.
-Pensé que hablaba de nuestro amigo el sátiro, él sí disfrutaba del erotismo... entonces, si la sátira es un escrito en burla de otra cosa ya escrita, la satiriasis sería una parafilia, o... perdón, una enfermedad o manía que hace burla a las otras neurosis, manías, lo que sea... trastorno mental.- entorné los ojos mirando la carpeta y moviendo los pies algo incómodo. Tosí suavemente, como quién quisiera ayudar a su inteligente observación...-Entonces la ninfomanía nada tiene que ver con la adicción feminista al sexo, sino que sería una manía por la belleza de una ninfa.-
-A ver... señor, no nos confundamos, puede que tengan las mismas raíces, pero no el mismo significado, es un asunto de connotación y denotación- gruñó algo impaciente, alzando la vista al reloj rectangular sobre el marco de la puerta, faltaban solo 10 minutos para almorzar y ya había entrevistado a neuróticos y paranoicos, esquizofrénicos y maniacos su paciencia pronto colapsaría.
-Entonces no tengo más que decir, su blah blah me aburre y no estoy con ganas de soportar sus ñañarerías, me enfurruñé con usted- Abandoné el salón con mi bufanda enrollada y mi gabardina llena de botones y colores, alzando la vista orgulloso, jamás escribiría para tal libro.
Entonces todo se tornó muy oscuro, y luego de un blanco tan insoportable cuando abrí nuevamente los ojos, sentí que me abrazaban, pero no podía separar los brazos de mí torso debido a una extraña tela, mientras escuchaba:
- ¿El loco sueña con sus entrevistas otra vez?
-Sí, esta vez parece que rechazó un importante puesto en un libro de erotismo.--La vez pasada era una burla del necronomicón, como siguen las cosas, jamás volverá a salir de nuestro " asilo de gente feliz"
Y todo volvió a tornarse gris, luego negro y me dormí nuevamente, encontrándome de frente nuevamente con ese tipo de nariz aguileña y cabello verde, tan encorvado que su nariz movía las páginas de la carpeta.
viernes, 5 de junio de 2009
¡Veintiocho Años! Con el Tiempo se Quita…
Para este siete de junio espero los besos clandestinos, cargados de saliva dulce y de mordiscos dulcísimos o tal vez las caricias entre pecho y espalda, y sobre todo si me las hace una mujer a la que no conozco.
Veintiocho años en que siempre descubro que el mejor antídoto para mitigar la extraña vejez que se me arrincona es tapar un par de canas junto con la actitud berrinchuda que cargo como si fuera un cubo indescifrable y lleno de muchas inseguridades para malear el soplo de la soledad. ¡Si señores!, me llego el momento de destapar insípidas melancolías que se mixturan por cigarrillos y tertulias exploradas por amores furtivos.
Hoy más que nunca me siento totalmente ¡solo!, nunca me he sentido tan melancólico como hoy, será por lo pretencioso del clima que agarra una frio en capsulado por peleas telefónicas y miradas dantescas que desfilan por corrientes de lluvias y paraguas de colores maliciosos. Si tan solo pudiera abrazar a majo y decirle que me muero por pasar el resto de mi vida con ella que voláramos a terminar una historia de simpatica amistad para darle al juego de la ruleta rusa la ficha perfecta que cambiara nuestras vidas en Buenos Aires.
Mi vida quedó partida en dos vidas. Puedo hablarles de los años en los cuales la vejez era algo que les pasaba a otros. Había tiempo para todo: para planificar, para esperar sin prisa el paso del tiempo.
La vida era mía, me llamaba, me guiñaba el ojo y me invitaba a beberla de a sorbos hasta ahogarme en ella. Pasaron los años y ya no me fue teniendo tan en cuenta, me fue dejando solo, en compañía de mis dolores de huesos (y otras yerbas...) que sólo me recordaban que la vida iba quedándome más lejana y la soledad de la vejez se acercaba irremediablemente. Ya todo me era esquivo, los colores del día se iban tornando grises para transformarlo en una noche sin fin. Mi piel se iba convirtiendo en un pergamino en donde podía verse claramente todas mis vivencias, mi cabello se platinaba con la misma velocidad que iba cayendo, mis manos no tenían la fuerza y la firmeza con las que tomé a mis libros por primera vez.
Y aquí estoy ahora, no puedo moverme de esta cama. Miro a través de la ventana, veo pasar la vida coqueteando con otras personas, se olvidó que estoy aquí, se olvidó que la necesito más que antes, se olvido que era mía…
Es hora de mi píldora para dormir, a lo mejor el sueño me traiga imágenes que ya no recuerdo; correrle carreras a las olas, bailar un rock con ella, hacerle el amor... aunque sea en sueños quiero sentirme un poco más vivo que hoy.
viernes, 29 de mayo de 2009
¡UN BUEN LECTOR!
-Le dije que me dejara beber el jugo de naranja aunque tenga sabores insípidos y olores nauseabundos del corazón que me hizo transformar en un personajillo frívolo y terco, estas noches son bastantes menudas y caprichosas de ruidos traumáticos zafados por dos portazos que me derrumban en una cama de sabanas heladas y cobijas pretenciosas de motas capaces de remolinar mi insomnio. ¡Deja de ser pendeja!, nunca utilice palabras subidas de tono aunque no dude en cambiar las palabras por acciones repentinas de patearte hasta resquebrajarte cada hueso de las vertebras. Tenía algo en la cara, en los ojos, en la línea de la nariz o del mentón, en la forma de las orejas o de la frente, algo que me impedía dejar de mirarla, sin querer, como el vértigo de una caída que nos llama, a decir verdad era una diosa sacada de las portadas de los periódicos mas influyentes de un mundo absurdo y despiadado.
Después de tres horas en la misma mesa, con la misma naranja y sin razones para estar en ninguna otra parte, llame a la mesera. -oiga, usted de casualidad no ha visto a alguien, que no tenga nada que leer, y este interesado en mi novela-. Le pregunte en un tono ciertamente molesto, desprendiéndome de mi orgullo. –no, no señor acá solo vienen los obreros a tomarse un jugo de naranja, y de vez en cuando a comerse un pedazo de pastel, pero no, no señor, si quiere le pregunto, a don chepe, a ver si él sabe -. Su respuesta me tomo por sorpresa, pensé por un segundo que mi pregunta no había alcanzado a salir de mis pensamientos, pero con aquella respuesta me di cuenta que estaba en el aire, en aquella cabecita de cabellos rizados y labios angostos. Se noto que a la señorita, nunca nadie le había preguntado eso, también se le noto la voluntad y el afán de ayudar. -no. te preocupes-. Le dije en un tono mucho más amable.
Tome mi taza de café y la mire de lejos, cuando ella giro me vi expuesto, me encerró en sus ojos, no me daba espacio para moverme, seguramente le parecí un personaje extraño, o me le parecí a alguien de sus sueños con los que creyó casarse, luego, en lugar de soltarme la mirada, se acerco haciéndose la que limpiaba una mesa que parecía más limpia que las que estaban más lejos. En ese instante me vi en su vida, me vi aconsejando su ropa, y consintiendo sus caprichos, comprándole todas las rosas del mundo, No supe que preguntarle, pero no me apresure porque teníamos toda una vida por delante. Le pedí otro mocaccino, un bolígrafo y una servilleta, ella se oculto detrás del mostrador para sacar las papeletas de azúcar, me dispuse a escribir el poema más hermoso, me imagine las rosas que tendría que comparar con su piel, y alguien rompió el momento.
-Don chepe- como esta. El hombre gordo, se sentó en una mesa junto a mí, con una calculadora y un cuaderno, la mujer me pasó el esfero, la servilleta y la taza de café, le di las gracias de la manera más amable, pero ella pareció no darle importancia, yo me dispuse a escribir el poema más bonito del mundo. Ella se le acerco al tal chepe, y le trato de hablar bajito, pero no tan bajito como para no escucharle del todo lo que decía, señalándome con los labios, le dijo, - Don chepe, vea que tipo tan raro, llego hace rato y se tomo un Nescafé y me hizo una pregunta más rara, a mi se me hace que fue el mismo que se nos fue sin pagar la vez pasada, tiene la misma cara, lo que me hace dudar es la ropita que trae-. En ese instante anule mis pensamientos y cancele los pedidos de rosas, escribí una sola palabra en la servilleta, deje el dinero en la mesa, y Salí rápidamente de allí, ella corrió pensando que me había ido sin pagar, se acerco a la mesa, vio el dinero y la servilleta, la tomo y la leyó.- gracias-. Se extraño,- ¡gracias de que!- me grito a lo lejos. Sin explicaciones obvias y sin mirar hacia atrás me marche a mi casa con un lector más, porque para ser lector no es necesario leer mil palabras, con una basta.